PROVINCIALES
Alika Kinan
Directora de Instituto de Genero Sapa Kippa

OPINION

Compañera, tu machismo nos duele

El pasado 8 de marzo será recordado como una fecha clave a partir de la convocatoria nacional para las mujeres y el primer paro nacional de mujeres del 6 de abril, donde miles de nosotras nos volcamos a las calles en cada rincón de la Argentina reclamando por nuestros derechos.

Las consignas fueron rotundas: oponernos a la ola de femicidios, contra la trata de personas con fines de explotación sexual, el ajuste salarial que precariza más aún a las mujeres, el cierre de programas que brindaban asistencia fundamentalmente a las más vulnerables y la falta de presupuesto para el combate y erradicación de la violencia de género.

La situación económica y social en nuestro país, la represión, sumado al desempleo de muchos hombres, se convirtió en el peor enemigo de las mujeres. No sólo enfrentamos la violencia machista en las calles, el acoso callejero que nos cosifica cada día, reduciéndonos a orificios para ser accedidos carnalmente, la mala prensa donde se da voz a los violentos, como así también a los periodistas que se burlan y nos tratan con menosprecio, y hasta en el peor de los casos se le da el micrófono a los femicidas y a violadores.

En ese contexto, está claro que recrudeció el escenario para las mujeres, para todas, pero más aún para las más jóvenes y para las más pobres, que prácticamente no cuentan ya con recursos para realizar sus reclamos.

Ante una desaparición, las mujeres se vuelcan a las calles; se vuelcan en manada, marchan, protestan, ellas mismas exigen que se implementen los protocolos de búsquedas de personas. Buscan pistan, toman sedes policiales, exigen justicia a los jueces y funcionarios, rastrean y persiguen a violadores y femicidas. Las mujeres organizadas y furiosas funcionan mejor que cualquier organismo instruido para dichos fines. Siempre buscan y encuentran.

¿Pero qué pasa cuando una mujer aparece con vida? ¿Qué pasa cuando no fue secuestrada o captada por redes de trata? ¿Qué pasa cuando no fue asesinada por los hombres que nos arrancan la vida en segundos? Muchas preguntas.

El frívolo análisis de algunos medios hegemónicos, de cuanto le costó al Estado, de cuantos días y que cantidad de personal estatal hubo destinado a la búsqueda de esa mujer, que salió sin avisar, que no estaba al cuidado de sus hijos, que estuvo pasándola bien. Justamente en este punto es donde la sociedad, gran parte de nuestra sociedad comienza una verdadera cacería de brujas contra éstas mujeres por aparecer con vida, por haber disfrutado, por haber reído, por no haber cumplido con el rol impuesto por la propia sociedad, el ser una buena mujer, una buena madre.

Lejos estamos de buscar la responsabilidad en el progenitor masculino, el cual tiene la misma responsabilidad que la mujer en la crianza y cuidado de los niños. La mujer es aleccionada por los roles impuestos, por los mandatos sin cumplir. Se nos recuerda que venimos a este mundo para garantizar la limpieza de la casa, el cuidado de los hijos y el placer sexual a nuestros hombres, que la única manera de que faltemos a estos mandatos es que seamos víctimas de femicido o captada por redes de trata, de una otra manera somos víctimas.

Vivimos como tales y se nos priva no sólo de derechos, sino también de privilegios netamente masculinos, como el placer, la diversión y la libertad para elegir. El único que puede faltar al cuidado de los hijos y ser perdonado es el hombre. La mujer, ni hablar.

 

No merecemos el perdón, merecemos la hoguera

 

A propósito de lo que escribía más arriba. La caza de brujas tuvo lugar en Europa entre 1450 y 1750, al final de la Edad Media y comienzo de la Modernidad, cuando el libre pensamiento florecía con la invención de la imprenta, lo que añade sorpresa: ¿Por qué justo en ese momento?

El ‘Constitutio Criminalis Carolina’ del emperador Carlos V ilegalizó en 1532 la brujería, el aborto y la anticoncepción. Martín Lutero quería “matar a todas las brujas”; Juan Calvino pedía que las “exterminaran”; y William Perkins proponía eliminar a las “buenas”. “Sería mil veces mejor si todas las brujas, pero especialmente las brujas beneficiosas, sean matadas”, decía.

Entre 1450 y 1750 hubo unas 60 mil ejecuciones, la mayor parte en Polonia, donde se mataron 10 mil, según se lee en La caza de las brujas en la Europa Moderna, de Brian Levak. En Europa continental las quemaban vivas; en Inglaterra y Estados Unidos, las ahorcaban.

¿Por qué, si había brujos, se les endilgaba sólo a ellas una supuesta comunión con el Diablo? La respuesta podría estar en la Biblia, donde es frecuente asociar a la mujer con ‘el Mal’. El Éxodo 22:18 sentencia: “A la hechicera no la dejarás que viva”.

La brujería no fue la razón sino la excusa, la excusa para aleccionarnos y reducirnos significativamente en número, los motivos eran básicamente la sabiduría. Quienes fueran intelectuales o académicas tildadas de herejes, pecadoras las lujuriosas, las abortistas y las aborteras, las hijas de las brujas e inclusos de los brujos, que eran condenados a 1 o 2 años de cárcel. El privilegio de ser hombres les reducía la condena, mientras nuestros cuerpos eran decapitados o calcinados en la hoguera.

Cuando las tierras fueron devastadas por las enfermedades como la peste, recién ahí volvieron a encontrar nuestra utilidad, nuestros vientres debían repoblar las tierras, se predicó la procreación sin límites como un deber ante Dios; y el conocimiento herbológico de control natal que poseían las parteras, fue destruido junto con ellas.

Hoy somos todas. Vos, yo, tu prima, tu madre, tu hija, tu amiga. Todas brujas, lujuriosas y hermosas, complacientes a nosotras mismas, a nuestros cuerpos, a nuestros ánimos. Mujeres furiosas y firmes, pecadoras amantes del disfrute. Ya rogamos y rezamos. Hoy exigimos y gritamos, enérgicamente que queremos vivir, sin hoguera, sin violación, sin femicidio, sin trata.

Queremos muchas más mujeres que aparezcan gozosas de vida, de placer. Y que canten, que bailen, que vibren, que rían, que sientan, que disfruten, pero que vivan, que vivan todas. Las queremos vivas a todas. Porque es simple: vivas nos queremos. 



MÁS DE PROVINCIALES
PROVINCIALES
Tita al momento de la firma del documento. Lo flanquea Gorbacz.

MESA DE DIALOGO

. El secretario Coordinador de Gabinete del Municipio de Río Grande, en representación del intendente Gustavo Melella, pidió que “se convoque a una mesa de trabajo y que sea una instancia para que llevemos soluciones desde acá”. “Porque el 70 % de la industria está en Río Grande, nos deberíamos haber sentado mucho antes”, aseguró Tita.